Internacional

Llegados a la primera mitad del 2016 es un momento oportuno para hacer balance. Así, gracias al informe que aporta la compañía Munich Re conocemos el impacto de las pérdidas en lo que llevamos del año.

Del contenido proporcionado se vislumbra como primer dato significativo que las pérdidas derivadas de catástrofes naturales son significativamente mayores que las cifras correspondientes del año anterior por estas fechas.

En total, las pérdidas a finales de junio alcanzaron los 70.000 millones de dólares respecto a los 59.000 millones del pasado año (de los cuales 27.000 millones estaban asegurados).

Las principales causas de este aumento son las fuertes pérdidas ocasionadas por los fuertes terremotos en Japón y Ecuador, las tormentas en Europa y EE.UU así como los incendios forestales en Canadá.

Según ha declarado Torsten Jeworrek, miembro de la junta de Munich Re “Estos hechos demuestran claramente la importancia de prevenir las pérdidas, a través de la protección contra inundaciones o construcción de edificios resistentes de cara a los terremotos en zonas de alto riesgo. La buena noticia es que los códigos de construcción ofrecen ahora un enfoque más inteligente sobre los servicios de emergencia, al tiempo que las autoridades brindan a las personas una protección mucho mejor de lo que solía ser”.

Con todo, las pérdidas globales fueron superiores al promedio ajustado a la inflación de los últimos 30 años (63.000 millones de dólares) pero por debajo de la media en base a los últimos 10 años (92.000 millones de dólares).

Por esa misma regla, las pérdidas aseguradas están por encima de la media de los últimos 30 años (15.000 millones de dólares) pero en línea del promedio de los últimos 10 años.

Entre las cifras más positivas que figuran en el informe es el descenso de fallecidos a causa de catástrofes, hasta ahora de 3.800 personas, significativamente menor que los 21.000 del año pasado o el promedio de los últimos 10 y 30 años (47.000  y 28.000 respectivamente).

Las mayores pérdidas derivan de los dos terremotos registrados en la isla japonesa de Kyushu en abril (25.000 millones, de los cuales 6.000 millones estaban asegurados).

También destacan las sucesivas tormentas en EE.UU y Europa que dejaron varias inundaciones, los incendios forestales masivos en Canadá y la total ausencia de tifones en el Pacífico noroccidental. Todos estas catástrofes se enmarcan dentro del fenómeno meteorológico El niño, causando un desequilibrio entre el exceso de calor y precipitaciones. 

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